sábado, enero 12, 2008
Piedra, papel, tijera... perdi????
Tratando de hacer memoria de mis aventuras, recordé la primera vez que un hombre me acarició provocándome un orgasmo, mi primer orgasmo.
Tengo que haber tenido unos 14 años, a esa edad aun jugaba con muñecas y a otras cosas de niños, y creo que esas fueron las últimas veces que lo hice también.
Cristian tenia más o menos mi edad, era alto, a todas las chicas de mi edad les atraía, pero a mi me daba lo mismo, era muy bueno en bicicleta y en juegos de mes
a y las chicas decían que yo le gustaba.
Un día de verano me llamó por teléfono por que irían los chicos a jugar Metrópoli, cuando llegué, su madre había salido y los chicos no habían llegado (no llegaron la verdad, creo que nunca los llamó para jugar).
¿A que jugamos? le pregunté, no lo sé, yo tengo una idea me dijo, juguemos piedra, papel y tijera, quien gane decide a que jugar, pero sin reclamar… si tu ganas tres seguidas, escoges el juego, el que quieras, yo no me opondré, pero si tu pierdes, yo escojo y tu no te opones… ok, respondí.
Bien, después de un rato de muchos empates, me ganó… Quiero jugar a tocar… ¿Cómo se juega? pregunté inocentemente, es fácil, pero no puedes oponerte.
Siéntate en el sillón, le obedecí, se acercó a mi y sacó mis sandalias y tocó mis pies, me reí mucho, me hacia cosquillas, luego tocó mis pantorrillas y mis muslos. ¿Qué haces? le pregunté, perdiste y no puedes oponerte ¿recuerdas?... Si recuerdo, le dije y me quedé callada mientras sus manos subiera sobre mi vestido por mis caderas.
La verdad que por alguna razón, no quería oponerme, sus manos llegaron a mis pequeños pechos que recién comenzaban a desarrollarse, a pesar de mi edad, aun tenía cuerpo de niña, pero mis pezones respondieron.
Comencé a sentirme húmeda, agitada, mi entrepiernas ardía, esperaba las manos de Cristian.
Se echó sobre mi y acariciaba mis muslos y mi trasero mientras me besaba el cuello, luego alcanzó mi boca y recibí mi primer beso “con lengua”.
Se sentía delicioso, algo crecía en el y podía sentirlo en mi pubis, se restregaba contra mi furiosamente mientras me preguntaba una y otra vez ¿quieres ser mi novia? ¿Quieres ser mi novia?, yo no podía responderle, tenia su mano metida entre mis piernas y sus dedos ya se habían abierto paso entre mis braguitas floreadas, sentía sus dedos sobar mi piel cubierta de pelusas con una mano y la otra, en uno de mis pechos apretando mis pezones, me besaba, me besaba, me besaba y yo, me dejaba, no moví un músculo, cumplí el juego, él jugaría a lo que quisiera y yo no me opondría.
De pronto, una oleada de calor comenzó en mi pecho y le pedí que se detuviera, no lo hizo, la oleada bajó a mi vientre, y se quedó entre mis piernas, mi cuerpo comenzó a agitarse y de pronto, como electricidad, sentí una explosión dentro de mi, mientras me mordía los labios, quería gritar, pero no me dolía, me quedé callada y mientras la calma volvía, pude ver a Cristian, que se paraba presuroso, con las mejillas coloradas y con una notoria humedad en sus shorts caminaba a su cuarto, mientras se marchaba le dije, si, quiero ser tu novia…
Papel, piedra, tijera… perdí????.... creo que no.
Cristian, gracias por ayudarme a dejar mi mundo infantil y mostrarme que en la adolescencia habían nuevas aventuras que explorar… Hoy que te reencontré después de tantos años (justo ahí me vino el recerdo), me gustaría jugar, sólo por la nostalgia, una vez más, ahora yo SI SE a que quiero jugar.
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martes, enero 08, 2008
La sorpresa de Jesús
Hace unos días recibí un regalo de Jesús, mi “amigo”, el del café, el EXCELENTE bailarín.
Como siempre, un excelente café ecológico, que disfruto sorbo a sorbo a la salud de algunos candentes recuerdos.
Esta vez (por que no es la primera vez que llega café a mi departamento), venia con una tarjetita que decía “Espera una sorpresa”, durante tres o cuatro días esperé la dichosa sorpresa y no llegó, justo cuando estaba por olvidarla, a la salida del mismo pub en que nos conocimos, cuando salía con mis amigas, estaba ahí, parado, apoyado en su Mercedes, con su habano en los labios, sonriendo con un ramo de flores blanc
as.
No me despedí de las muchachas, no hacia falta, ellas sabían a dónde iba…
No hablamos, nos subimos a su auto y el condujo quien sabe cuánto tiempo, hasta que llegamos a unas bellas cabañas que hay hacia el sur de la ciudad yendo por la costa, cada vez que pudo, me miró, tocó mis muslos y más allá, cada tanto constataba cuan excitada estaba.
Entramos a una de ellas, estaba entera de blanco, blancas as cortinas, blancas las sabanas y la colcha, blanca la delicada alfombra de pelo largo, blanco el mantel de la mesa que tenia, por supuesto, velas blancas, dos copas de champagne, fresas blancas y crema batida (ya imaginaran como volaron las ideas por mi mente) y fue entonces que me di cuenta que Jesús vestía de riguroso lino blanco.
Con la delicadeza que lo caracteriza, comenzó a besarme y a desvestirme, hábilmente liberó mis pechos con sus dientes, y los besó como si en ello se le fuera la vida.
Me arrastro entre besos a la cama y una vez desnuda, me cubrió de pétalos, me entregué a sus juegos… se desvistió, y se tomó el tiempo de sacar uno a uno los pétalos de mi cuerpo con tiernos besos, pasando su lengua tivia una y cien veces, por mis endurecidos pezones, dejando los de mi pubis hasta el final.
Siento que estuvo horas entre mis piernas, su lengua incansable me daba un placer indescriptible, jugaba con sus dedos en mis vellos, en mi pirineo, lo introducía en mi como jugando, después de un momento, perdí la voz de tanto goce, mi cuerpo temblaba, mis piernas ya no me respondían y perdí la cuenta de las llegadas al cielo que me dio, no me dejó hacer nada, fui consentida hasta el agotamiento, me acarició, me cantó, me dejó dormir.
En la mañana, sería yo quien devolviera los favores…
Hay cosas que vale la pena no olvidar
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domingo, diciembre 30, 2007
Regresando...
Hace siglos que no ingresaba a mi pequeño rincón oscuro, pero me he sumido en una relación monogamica... quién lo creería?, estaba tan absorta en ella, que olvidé que tenía que guardar de algún modo las cosas que he vivido.

Josh es un tipo genial, ha hecho que mi hedonista interna se quede quieta, por que él suple todas esas necesidades....
No relataré por ahora ni la forma en que nos conocimos, ni las locas aventuras que hemos vivido, tampoco las sorpresas que me da a diario, trataré de retomar las histias inconclusas, más que nada para no olvidarlas y quien sabe, sirvan de algo; lo que es a mí, toda esa experiencia, me ha servido muchísimo.
Melissa, ahora mongámica, regresa a contar sus historias.
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lunes, marzo 05, 2007
Otra vez mi vecinito... (parte 2)
...............entonces comencé a acercarme, cuando estuve a unos escasos centímetros, acerqué mi mano hasta él, le toqué el pecho, bajé por sus tonificados abdominales y le agarré a la bestia que luchaba por salir, solt
ó la manija para tomar mi mano y quitarla de su pantalón, “No señora, solo quiero besarla, pero usted no haga nada”…
Bien, frente a esa petición no pude negarme y le dije “pues entonces estoy a tu ordenes”, por dentro estaba bastante sorprendida de la energía que puso en sus palabras y me limité a escuchar y disfrutar de cuanto el me hiciera.
Desde que la vi bailando en la ventana no he podido de dejar de pensar en besarla…hablaba mientras me miraba a los ojos y me quitaba la blusa… desde donde yo la miro, sus pechos son una fruta que me he querido comer… y me quitaba la falda… me besó en los labios rabiosamente, el sabor infantil de su boca me excitó aun más, yo me entregaba a sus caricias y besos, mientras muy torpemente sacaba mi sujetador, luchando con los broches, una vez los tuvo libres, los besó, los mordió y acarició con la dicha que ha de tener un bebé al mamar, sonreía mientras lo hacía y sacaba mis bragas.
LA quiero en la mesa, quiero servirme eso que usted me ofrecía a través de la ventana… el trato de “usted” me volvía loca, no podía hablar y me dejaba llevar por las ordenes de un chiquillo que parecía inexperto y dominaba la situación, quité el frutero, me subí a la mesa y abrí mis piernas para ofrecerle una vez más todo mi sexo… tóquese, tóquese como lo hizo ese día… obedecí mientras el no despegaba sus ojos de ahí, se abalanzó sobre mi y volvió a besar mis pechos, mientras su mano y mi mano luchaban por penetrarme… está mojada, me gusta, me decía mientras mordía mis labios, de pronto, sin decir nada, se tiró de lleno a mi entrepiernas y comenzó a beber, lamía que era una maravilla, pasaba su lengua con hambre, la metía en mi con rabia, se detuvo y me dijo “quiero que se venga en mi boca, pero nunca deje de acariciarse los pechos, la estaré mirando”, no podía dejar de obedecer, era sumisa a las ordenes de un niño ¡¡¡Y me encantaba!!!.
Mis quejidos iban en aumento, podía verlo a los ojos, yo acariciaba mis pechos, retorcía mis pezones y el comía como si no hubiese mañana, de pronto una oleada me sacudió, e agitó el temblor de mi cuerpo y tuve un orgasmo divino… no dejaba de meter su lengua… de pronto cerró los ojos, los apretó y mordió mi sexo con sus labios.
Cuando se enderezó, pude ver que corría un liquido hilo de su miembro… me bajé de la mesa y le dije “esto es mío” y le pasé la lengua… mientras lamía, había estado corriéndosela.
No dijimos nada, desnuda como estaba lo dejé en la puerta…
Otro día me ayudas nuevamente con mis compras?...
Sólo sonrió, estoy segura de que así será....
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