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Sueños y aventuras
martes, enero 08, 2008 La sorpresa de Jesús

Hace unos días recibí un regalo de Jesús, mi “amigo”, el del café, el EXCELENTE bailarín.

Como siempre, un excelente café ecológico, que disfruto sorbo a sorbo a la salud de algunos candentes recuerdos.

Esta vez (por que no es la primera vez que llega café a mi departamento), venia con una tarjetita que decía “Espera una sorpresa”, durante tres o cuatro días esperé la dichosa sorpresa y no llegó, justo cuando estaba por olvidarla, a la salida del mismo pub en que nos conocimos, cuando salía con mis amigas, estaba ahí, parado, apoyado en su Mercedes, con su habano en los labios, sonriendo con un ramo de flores blancas.

No me despedí de las muchachas, no hacia falta, ellas sabían a dónde iba…

No hablamos, nos subimos a su auto y el condujo quien sabe cuánto tiempo, hasta que llegamos a unas bellas cabañas que hay hacia el sur de la ciudad yendo por la costa, cada vez que pudo, me miró, tocó mis muslos y más allá, cada tanto constataba cuan excitada estaba.

Entramos a una de ellas, estaba entera de blanco, blancas as cortinas, blancas las sabanas y la colcha, blanca la delicada alfombra de pelo largo, blanco el mantel de la mesa que tenia, por supuesto, velas blancas, dos copas de champagne, fresas blancas y crema batida (ya imaginaran como volaron las ideas por mi mente) y fue entonces que me di cuenta que Jesús vestía de riguroso lino blanco.

Con la delicadeza que lo caracteriza, comenzó a besarme y a desvestirme, hábilmente liberó mis pechos con sus dientes, y los besó como si en ello se le fuera la vida.

Me arrastro entre besos a la cama y una vez desnuda, me cubrió de pétalos, me entregué a sus juegos… se desvistió, y se tomó el tiempo de sacar uno a uno los pétalos de mi cuerpo con tiernos besos, pasando su lengua tivia una y cien veces, por mis endurecidos pezones, dejando los de mi pubis hasta el final.

Siento que estuvo horas entre mis piernas, su lengua incansable me daba un placer indescriptible, jugaba con sus dedos en mis vellos, en mi pirineo, lo introducía en mi como jugando, después de un momento, perdí la voz de tanto goce, mi cuerpo temblaba, mis piernas ya no me respondían y perdí la cuenta de las llegadas al cielo que me dio, no me dejó hacer nada, fui consentida hasta el agotamiento, me acarició, me cantó, me dejó dormir.

En la mañana, sería yo quien devolviera los favores…



Hay cosas que vale la pena no olvidar

Describe Melissa Naranjo :: 1 Seducidos?

Gimen mientras disfrutan...

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